¿Tiene sentido invertir en Bitcoin?

Una y otra vez oigo a la gente lamentarse de que antes habría sido mucho más fácil ganar dinero con Bitcoin. El 3 de enero de 2009 se crearon los primeros cincuenta bitcoins. Quien, por ejemplo, adquirió diez bitcoins en agosto de 2013, solo tuvo que pagar entonces 1.000 euros. En octubre de 2016, diez bitcoins ya costaban 9.000 euros. En comparación con el valor actual de 90.000 euros, los respectivos desembolsos fueron auténticas gangas. Invertir en Bitcoin sigue teniendo sentido a día de hoy. Eso sí, cada cual debe decidir por sí mismo si quiere considerar los bitcoins como un valor de inversión como el oro, o si quiere operar con la moneda digital para obtener, como day trader, ganancias diarias. El day trading tiene la desventaja de que hay que invertir mucho tiempo para tener éxito.
¿De qué manera tiene sentido?
Quien quiera comprar bitcoins debería adquirir, a intervalos regulares, pequeñas fracciones, los llamados satoshis. La ventaja es que se actúa de forma relativamente independiente de las grandes fluctuaciones de cotización y que estas no te afectan tanto como a alguien que compra hoy a una cotización desfavorable y luego se enfada durante mucho tiempo porque, si hubiera esperado unas semanas, habría tenido que pagar mucho menos por sus fracciones. Una posibilidad de invertir en Bitcoin es destinar cada vez un diez por ciento de tu sueldo a invertir en bitcoins. Hay varias páginas de internet que recompensan al espectador de publicidad con unos cuantos satoshis. Además, existe la posibilidad de participar en una minería en la nube. La ventaja es que no hace falta poner a disposición la potencia de cálculo de tu propio ordenador para minar la criptomoneda, sino que se participa en la minería de esta criptomoneda con un importe fijo.

¿Qué posibilidades hay de obtener ganancias de cotización?
Si partimos de que el dinero en efectivo desaparece cada vez más, en un futuro cercano habrá probablemente o bien una moneda digital estatal de control centralizado, o bien una criptomoneda descentralizada como, por ejemplo, el Bitcoin. Con una moneda de control centralizado, el Estado tiene la posibilidad de ver para qué fines gasto mi dinero. Si soy periodista y escribo un artículo online contra el Gobierno, puedo ganarme su malestar y sería posible que me bloquearan la cuenta durante un tiempo. No tendría ninguna posibilidad de recibir ni de enviar dinero. Para mí no es una idea agradable y por eso prefiero las criptomonedas descentralizadas, que me dan cierta libertad y la posibilidad de ser mi propio banco. Cuantas más personas inviertan su dinero en bitcoins y paguen bienes con ellos, mayor será el valor del Bitcoin.